March 11th, 2010 Migoya

Pedro, ¿qué le has hecho a mi Pene?
Éstas son las películas que recuerdo haber amado el año 2009. Me faltan muchas conocidas que no he visto (las más mediáticas suelo esperar un par o tres de años, cuando ya no me aturulla el ruido de fondo, para enterrar prejuicios demasiado palpables), como Celda 211 o Transformers 2… que si es la mitad de buena que la primera (Transformers debe ser con seguridad la mejor película de la década pasada: y en la futura, habrá una generación de directores noveles tan influidos por Michael Bay como la mía lo ha sido por Spielberg), tendría que estar en esta lista también.
Pero aquí va la que he compuesto:
1. Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar.
Penélope está mucho más guapa desde que Almodóvar la ha hecho mamma italiana. La inspiración artística de la película es impresionante. ¡Y sin ninguna estructura! Puro genio.
2. The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow.
Pues no sé si es la mejor peli americana del año, pero desde luego es la primera película sobre la guerra de Irak cuyos personajes no son niñatos. Después de dos títulos mediocres, Bigelow vuelve a implantar su ley. Maravilloso que le hayan dado el Oscar.
3. Death Race, de Paul Anderson.
La peli de acción más divertida del 2009. Anderson es lo que a Tarantino le gustaría ser: víscera lista y no puro cerebro. ¡En la serie B se replica con una frase y no con incontinencia verbal de tesina universitaria!
4. El tren nocturno de la carne, de Ryûhei Kitamura.
Fue uno de los directores que seguimos con más atención en el Festival de Cine Fantástico de Sitges durante la década anterior. Yo nunca creí en él demasiado, pero este festival visual enmudece a cualquiera. La mejor peli -no sé si adaptación- del universo Clive Barker.
5. Bruno, de Larry Charles.
Sí, me gusta más que Borat. Su planteamiento no es tan brillante, pero su crescendo de humor es progresivo (la anterior sufría un bajón deprimente en sus 20 minutos finales). Con su desfachatez británica, Baron Cohen se lo está poniendo muy difícil a los cómicos yanquis.
6. El secreto, de Vincent Perez
Una peliculita muy cuca. Es la primera vez que el cliché de la transmigración de almas funciona tan bien a nivel dramático: en esta ocasión es Lily Taylor quien se reencarna en su hija, para sufrimiento del papá, David Duchovny. Bien por Perez. ¡Y el incesto, muy bien llevado!
7. MR 73, de Olivier Marchal
Los tópicos del cine negro ya son muy difíciles de creer, y encima las series USA se han apropiado del género. Por eso flipo que una historia tópica con personaje tópico funcione tan bien. Y es que director y prota se lo creen mucho.
8. Bronson, de Nicolas Winding Refn
Hay que ser muy bueno para dejar entrever las influencias de Kubrick y no caer de bruces. Paul Thomas Anderson ya tiene compañía.
9. Max Payne, de John Moore; Solomon Kane, de Michael J. Bassett; El limpiador, de Renny Harlin; Señales del futuro, de Alex Proyas
Cuatro películas de evasión con el espíritu de la serie B bien entendido: 1) Moore hace una peli rabiosamente entretenida, con planos maravillosos, como el de las ráfagas de metralleta en el garaje o Mark Wahlberg recorriendo una sala de comisaría que nunca acaba. 2) Fiel a Robert E. Howard, lo hoy nunca visto: Bassett hace por fin una peli reaccionaria en la que la chusma tenía razón al quemar una bruja… ¡y encima terminan muertos por quemarla mal! Y qué bueno, digo qué bien, está Purefoy… 3) Harlin dirige este pequeño film noir con una estilización inédita en él. La peli es como una buena novela, con su ritmo propio y sus personajes bien definidos. 4) Yo me partí la cara por Proyas en 1993, cuando parece que fui el único periodista en Sitges al que le gustó El cuervo: ahora se demuestra que este tío filma como los ángeles, tenga delante el careto de Nicolas Cage (que, por cierto, está muy bien) o una historia con ínfulas.
10. Mentiras y gordas, de Albacete y Menkes: pues a mí me moló. Chicas y chicos guapos, en pelotas y follando toda la peli. ¿Quién le pone pegas a eso? Y Hugo Silva haciendo un solo de drogata que ni Mickey Rourke. La escena en que a la gordita se le salen las tetas es digna de John Hughes… pero John Hugues nunca se hubiera atrevido. Es lo bueno de pertenecer a un país semisalvaje.
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March 11th, 2010 Migoya

Hoy ha salido a la venta en Argentina una edición del clásico Alicia en el país de las maravillas con ilustraciones de uno de los fichajes de la Línea Gaijin, la impresionante Andrea Jen.
La definiría como mi protegida si no fuera porque no es cierto y porque tiene tanto talento que en unos meses tendrá que “protegerme” ella a mí. En todo caso, me siento un poco orgulloso de su florecimiento artístico, como dice la ranchera, “porque yo la vi primero”. Fue mi única aportación a Gaijin que no propusieron antes sus directoras, las imbatibles Auro y Diana de Studio Kösen, así que me considero injustamente un poco papá ante los triunfos de esta ventitresañera (¡os lo juro!) de sangre coreana, que a partir de ahora van a ser continuos.
El único dibujo que tengo colgado en mi mesa de Glénat es éste de abajo.

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March 1st, 2010 Migoya

Esta semana sale a la calle, salvaje y desatado, el tomo recopilatorio de Alex Magnum. Es la primera vez que se recogen por fin TODAS las aventuras de este antihéroe creado por Genies y Abulí en las páginas de la revista Zona 84, allá a mediados de los años 80. Os recomiendo encarecidamente que le echéis un ojo, sus historias no han perdido un ápice de buena pegada y mala hostia.
Le hemos puesto mucho cariño a esta edición. Para abrir boca, podéis leer mi prólogo al volumen, así como la entrevista que realicé a sus dos autores: todo está colgado en La página de Abulí.
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March 1st, 2010 Migoya

Fresca e ingeniosa la entrevista a Angel y sus Necróticas en este blog de la La Sexta TV.
Se puede apreciar entre otras cosas lo buena persona que es Angel y la gracia que tiene su obra.
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March 1st, 2010 Migoya

Otras veces canté las desclasadas glorias del periodista y escritor peruano Rafo León. Su amistad es una de las mejores cosas que me han pasado. Hace unas semanas estuvo de visita en Barcelona y charlamos de todo, entre ese todo el porqué en Barcelona no existía un restaurante fancy de comida peruana, dada la calidad de su gastronomía y el gusto de los barceloneses por lo exótico caro. Sin embargo, casi exclusivamente abundan locales a precios tirados para los propios peruanos. Llevé a Rafo a mi último descubrimiento: un barcito a ¡4′80 euros! el menú. Ésta es la crónica que Rafo escribió de la visita.
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February 23rd, 2010 Migoya

A partir de este mes, la serie que Joan Marín y yo dibujábamos para el Perú, “Latinópolis”, se publica en la revista satírica de actualidad Dedomedio. Estamos muy ilusionados de poder continuar en Dedomedio las andanzas de Martínez, ese escritor español que se lo pasa teta jodiendo por tierras peruanas. En este caso, literalmente.
Dedomedio es una revista estupenda, una especie de El Jueves en clave periodística. Espero que os gusten las patéticas aventuras de Martínez en la nueva “Latinópolis”… Joan y yo también nos lo pasamos teta.

Para leer esta entrega, clica tres veces sobre la imagen
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February 23rd, 2010 Migoya

“Pero el cipotillo piensa ¡mañana quiero ser guerrillero!”. El Cristo de Palacagüina, de Carlos Mejía Godoy
El jueves pasado saldé una nueva deuda con mi educación sentimental al poder ver por fin en directo a Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina, en el Teatre Joventut de L’Hospitalet.
La verdad: me lo pasé bomba.
Siempre he sido fanático de la música latina, y Godoy & Cia tienen uno de los mejores y más hondos repertorios del folklore americano. Los medios se quedaron con sus temas bufos, sobre todo Son tus perjúmenes mujer, y ahora los progres de última hornada los reivindican por su “compromiso con el pueblo”, pero Mejía Godoy ha compuesto decenas de buenas canciones en muchos registros, que contagian verbos con sabor de alegría y tristeza populares al oyente.
El líder del grupo (de formación absolutamente renovada excepto por la presencia del eterno Silvio Linarte) se metió al público en el bolsillo desde el primer vacile. Sus chistes sobre gangosos y gays no fueron muy entendidos por el sofisticado nativo barcelonés -que más bien se quedó pasmado-, pero sus incontables llamamientos a la “solidaridad” entre los pueblos catalán y nicaragüense aportaron el requisito perfecto para despertar la benevolencia de todos. Allí, los únicos malos eran los gringos.
En otro contexto, me hubiera puesto palúdico ante tanto paternalismo populista y tanto patrioterismo tolerado -sólo faltó un “Viva España” que, obviamente, nadie estaba dispuesto a arriesgar, ja ja-, pero la simpatía de Mejía Godoy y los suyos es genuina y, sobre todo, el pueblo -quienquiera que conforme esa idea romántica, casi obscena de tan sobrevalorada- vive realmente en sus acordes: no comulgo con la empalagosa devoción hispanoamericana por los himnos colectivos (los últimos minutos del concierto fueron casi casi católicos, apostólicos y romanos, de tan fervorosos), pero escuchar versiones en vivo de temas como Las Campesinas del Cua provoca un deleite emocional que invalida cualquier objeción desapasionada.
Y aun así, lo más bonito de todo fue ver a una nica brincando espontánea al escenario a pegarse unos pasitos con el propio Mejía; los versos del Cristo de Palacagüina entonados por la cantante mexicana María Inés Ochoa, en tácito homenaje a su madre (el fraseo de la hija, a la altura de la sensual Elsa Baeza); y al hijo del cantante, Carlos Luis Mejía Rodríguez, marcándose un maravilloso toque de marimba para la celestial Mora limpia, un tema instrumental que me ha acompañado toda la vida y que esa noche me dejó embelesado para los restos.
Aquí podéis encontrar fotos buenas del evento.

Movido, emparedado y feliz entre dos voces de oro: César Esquivel y el mítico Silvio Linarte, ¡Los de Palacagüina!
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February 23rd, 2010 Migoya
La semana pasada presentamos Pinocho Blues, de Carlos Bribián, en La Casa del Llibre de Barcelona. El acto, conducido con locuacidad entrañable por Pere Olivé, transcurrió dentro de la normalidad (en el blog de Bribián veréis las fotos y aquí está colgada la grabación del acto). Después de la presentación propiamente dicha, tuvo lugar un incidente del que fui único culpable.
Alejo Valdearena, jefe de prensa de Glénat, me contó sonriente que uno de los espectadores presentes confesaba haber comprado la obra motivado por la frase de promoción que me había inventado para los carteles promocionales: “La mentira te hace humano, la verdad te hace persona”, o algo así… La chica en cuestión que había comprado Pinocho Blues debido a la frase de marras, vino a felicitarme por haberla inventado.
Por una mezcla de ¿sinceridad?, pudor, falsa modestia, inseguridad, cretinismo, necedad y afán de protagonismo, le expliqué que la frase en realidad era una porquería, porque “ser persona” me parece una de las expresiones más idiotas que se han inventado en nuestros tiempos, pero que su tono a lo eslogan de manual de autoayuda escrito por el Jorge Bucay de turno ya servía para mi fin, que era captar la atención del gran público dado al sentimentalismo y la grandilocuencia afectada. La chica se puso blanca y, naturalmente, me replicó que con mi sarcasmo le había jodido la ilusión de haberlo comprado. De inmediato le pedí disculpas, pero igual de torpemente que cuando pretendes recuperar el favor de tu amante después de decirle que no la deseas.
Al mismo tiempo que me insultaba mentalmente, recordé una estupenda anécdota que relató a la prensa Kevin Spacey, un actor que detesto. Contaba en una entrevista (debía ser al Playboy, era la única revista que yo leía en los 90) cómo durante su época teatrera, en sus comienzos profesionales y tras una función especialmente olvidable, una señora del público se lo topó en la calle y le felicitó efusivamente por su actuación. Él, precisamente amargado por su propia interpretación de esa noche, le increpó y contradijo, explicando que, por el contrario, la función había sido un desastre, él había actuado fatal y no había nada que felicitar. La mujer, obviamente, se llevó un chasco y quedó hecha polvo ante aquel agrio encuentro. Más tarde, uno de los actores presentes en el careo, le replicó a Spacey que no podía hacer eso: aunque uno sienta que lo que ha creado es una mierda o que no ha estado a la altura, no se puede destrozar la experiencia del que está al otro lado. La visión que uno tiene de lo que hace es subjetiva y viene motivada por los complejos más peregrinos. Hay que dejar que la gente viva su propia experiencia con la obra. Hay que respetar el rito.
No tenemos derecho a joderle la experiencia ajena, aunque creamos que tenemos razón.
Como me dijo Félix Sabaté esa misma noche, con una sonrisa antídoto para cualquier artista que se las dé de torturado: “Con un simple ‘gracias’ hubiera bastado”.

Pere Olivé y Carlos Bribián sí que saben tratar a su público.
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February 20th, 2010 Migoya
Me refiero a esto.
Al menos será violencia de género femenino… ¿no?
O femenina.
PD. Pues no, parece que las puñaladas propinadas por mujeres no cuentan como “violencia de género” ni “violencia feminista”. Son puñaladas, sin más. Hay que tener en consideración que el género femenino no es malo per se y su violencia se juzga (¡extraño privilegio!) caso por caso, desde lo particular.
PD2. Menos mal que el tipo se limitó a morirse y no intentó defenderse, o se habría buscado serios problemas con la Justicia.
PD3. Bueno, al menos “violencia doméstica” fijo que es: el arma asesina era un cuchillo de cocina. Ya me siento más tranquilo, la verdad.
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February 19th, 2010 Migoya
“¿Por qué parecemos todos unos muebles moribundos? ¿Por qué nada es importante?” La virgen y el gitano, de D.H. Lawrence
David H. Lawrence se ha convertido en mi escritor de cabecera en los últimos meses. En él está casi TODO lo que ahora me interesa, básicamente la dicotomía instinto contra razón. Creo que es el escritor más moderno que yo he leído (moderno en el sentido de VISIONARIO) y me encanta cómo usa todos los sentidos para escribir (y cómo apela también a todos).
Hasta tal punto me fascina, que estos días ando leyendo a dos manos y al tiempo sendas traducciones de La virgen y el gitano, una de sus novelas cortas. En una mano, la edición compilatoria de sus novelas breves en Random House Mondadori (2007), al cuidado de Pilar Mañas y con la traducción (esa novela concreta) de Pablo Mañé Garzón, aparecida por vez primera en 1980; en la otra mano, la versión de la Editorial Impedimenta, con traducción de 2008 a cargo de Laura Calvo Valdivieso.
Reconozco que esta última es más digerible: divide en frases cortas al tiempo que esponja las especificaciones, y desmenuza el contenido en dosis más correctas para un lector “actual”, aunque a veces se nota demasiado que ha tenido de referencia (por decirlo suavemente) la traducción de Mañé Garzón; con todo y ser más embrollada, prefiero la versión de este último: es más literatura. O al menos yo aprendo más como escritor no domesticado por las “buenas maneras” circunstanciales de mi tiempo (presente).
Pero la cuestión que provoca este texto mío no es valorar una traducción por encima o debajo de la otra: que cada cual busque la que le lata. Lo que me sorprendió fue una de las pocas diferencias remarcables entre ambos textos vertidos al castellano, diferencia reiterada en dos ocasiones a lo largo del capítulo VI. Vean (modo figurado de indicar que lean) esta frase de la versión “antigua”: “La judía estudió su rostro con la peculiar audacia burguesa de las de su raza”.
Vean ahora la versión moderna de la ¿misma? frase: “La judía estudió su rostro con la peculiar audacia burquesa que tienen las de su religión”.
Vaya. Ya estamos con la diferencia entre raza y religión. Aplicado a la realidad, un terreno pantanoso donde los haya y donde no me apetece incursionar a ciencia cierta de quedar empantanado.
Volviendo a los libros, más adelante vuelve a haber disparidad de criterios, pero esta vez con otra ¿raza? ¿religión? Veamos: “(El gitano) se había vuelto inaccesible. Su raza llevaba mucho tiempo con su peculiar lucha contra la sociedad establecida…”, en versión Mañé Garzón; “Él también se había vuelto inaccesible. Los de su religión llevaban también mucho tiempo enzarzados en su peculiar lucha contra la sociedad establecida…”, en versión Calvo Valdivieso.
Anda. Ambos traductores también se pelean por definir a los gitanos como “raza” o “religión”. Aquí, aplicar el concepto religioso como el estrictamente definitorio de la estirpe/comunidad (por usar otros dos conceptos de una connotación biológica frente a una neutra) gitana me suena, si no falaz, sí poco ajustado al uso común tradicional.
Pero a mí esa dicotomía, como lector, en realidad me la suda… Lo que me interesa a estas alturas es saber qué escribió D. H. Lawrence realmente. Pues, queridos y queridas, helo aquí:
Caso 1) “The Jewess searched his face with the peculiar bourgeois boldness of her race.”
Caso 2) He too had gone inaccessible. His race was very old, in its peculiar battle with established society…”.
Por favor, no adulteremos los clásicos con nuestras modas morales.

Este hombre veía cosas que nadie veía en su época…
ni ahora.
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